Por qué estamos en crisis y por qué volveremos a estarlo.

FUENTE: EUROPEAN COMISSION, “Mind The Gap. Educational Inequality Across EU Regions. 2012.

Este parece el mapa de los países afectados por la actual crisis económica. Pero no lo es. En realidad se trata de algo muy distinto. En este mapa se reflejan aquellas regiones europeas con un mayor porcentaje de población sin estudios post-obligatorios. O en otras palabras, los países educativamente peor preparados de Europa.

Hace décadas que en la Europa desarrollada comprendieron que la prosperidad  se asienta sobre el capital humano. Sin cultura, no hay riqueza. Pero el Mediterráneo es diferente. Aquí hemos asistido durante las tres últimas décadas al proceso contrario. Hemos consolidado unos sistemas educativos provenientes de las dictaduras (portuguesa, griega y española) altamente deficientes en los que sólo una minoría accedía de forma efectiva a una educación post-elemental. Estos sistemas, pese a las apariencias, no han sido sustancialmente modificados. En el caso de España, se sigue apostando por el criollismo cultural, por un sistema educativo dual en el que sólo los más ricos o los más listos (en el caso de la pública) alcanzan a recibir una formación post-obligatoria. La inmensa mayoría por el contrario se queda en el camino. Esto es una tragedia desde un punto de vista cultural. Pero también lo es desde un punto de vista puramente económico. Como sociedad, nuestro capital humano hoy por hoy es ridículo. 

¿Existe alguna voluntad de cambio? No. La perspectiva a medio plazo es que vamos a asistir al reforzamiento de un modelo dual claramente discriminatorio en el que instituciones privadas (mayoritariamente religiosas), asistidas con dinero público, constituirán el núcleo duro de la educación de calidad post-obligatoria mientras que el sector educativo público cumplirá un papel puramente asistencial, limitándose a mantener al grueso de la población alfabetizada y poco más. Este es el modelo que está consolidándose en España. En esencia es ni más ni menos que el sistema educativo de la dictadura franquista.

Este es un modelo, por supuesto, claramente dogmático que responde a un proyecto de sociedad reaccionario en el que se cree que unas élites convenientemente cultivadas han de ser las líderes naturales de una masa que no merece más que ser dirigida con mano prudente y sabia por aquellos llamados por Dios y por la historia a tamaña misión. Esto es lo que realmente hay detrás de toda la palabrería neoliberal con la que los arquitectos de la nueva educación española pretenden vender su mercancía. Eficiencia, mejora en la gestión de los recursos, controles de calidad, etc., son palabras vanas y conceptos vacíos. Lo que hay detrás no es más que puro dogmatismo, y el dogmatismo no responde a cálculos de eficiencia; los dogmas sólo responden al sueño de la fe, y para los creyentes el mundo soñado está por encima de todo.

La derecha española va a persistir en la implementación de este modelo educativo, por supuesto, porque aunque se demuestre palmariamente que es un sistema que engendra ineficiencia económica, detrás del mismo lo que se encuentran son convicciones dogmáticas de carácter elitista y por lo tanto inmunes a cualquier tipo de argumentación racional. En este sentido, España es un caso insólito en el mundo desarrollado. En ningún país democrático desarrollado está moldeándose el sistema educativo en función de principios dogmáticos y no de efectividad o eficiencia.

Lo realmente triste es que en la izquierda hegemónica no existe ningún tipo de planteamiento realmente serio al respecto. Se diga lo que se diga, nunca ha existido un compromiso claro, continuado y explícito por un modelo educativo de calidad y para todos. Aunque en ciertos momentos las palabras hayan sido otras, los hechos hablan por sí solos. Es necesario que la izquierda hegemónica se comprometa de una vez por todas con un modelo educativo en el que el horizonte sea lograr la mejor formación posible para el mayor número de ciudadanos posible. Por pura coherencia ideológica. Y es necesario que el centro-derecha abandone sus complejos elitistas y apueste también por dicho modelo. Aunque sólo sea por pura coherencia económica.

Porque con este modelo educativo estamos condenados a la tercermundización de España: altas tasas de paro crónico, debilidad estructural del mercado interior, sobredependencia de sectores sostenidos sobre la demanda externa (turismo), fuerte conflictividad social, delincuencia creciente, etc. Esta es, por desgracia, la vía real por la que está encaminándose nuestro país. Desde hace tres décadas. No lo olvidemos.

 

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