iessecundaria

Se quita el gorro, apaga el móvil, guarda los auriculares, se ajusta el vaquero a la cintura, esconde el tabaco y mete en la mochila el libro que lee en el autobús que le lleva al instituto cada mañana a las ocho y a casa, de vuelta, a las tres y diez. Se despide de Sonia, que va a una clase distinta, queda a la hora del patio con un grupo de colegas, en el rincón de costumbre, toma aire, lo retiene un instante en sus pulmones, lo expulsa sin prisa, con rabia y atraviesa la puerta de entrada al instituto.

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