El Raspa y la evaluación

“El Raspa y la evaluación”, por @jpslatorre

iessecundaria

Tenía trece años, era el más pequeño de una familia numerosa en la que la madre ejercía de madre y padre, cuando el trabajo se lo permitía y en la que cada cual sobrevivía como podía, sin tener en cuenta al otro. Le gustaba faltar a clase y acercarse a la valla del colegio a la hora del recreo, para alardear ante sus compañeros de que las normas no iban con él y de su habilidad con la bicicleta. Le llamaban el Raspa por su corta estatura, su delgadez extrema, su manera nerviosa, atropellada de hablar y su forma alocada de moverse y actuar. Jamás pensaba en las consecuencias de lo que decía o hacía, siempre dispuesto a divertirse en el patio y en clase a costa del mosqueo del profesor o el cabreo de los compañeros que sufrían sus “gracias”, sus insultos y sus continuas provocaciones.

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