Primavera tecnológica en las aulas: Cada uno desde su trinchera (y la Administración, ni está ni se le espera).

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Perdiendo el tiempo en las aulas.

Los últimos datos de la OCDE (citados en educainee • BOLETÍN DE EDUCACIÓN • número 12. Junio 2013) son concluyentes, y confirman la percepción que todos los profesionales tenemos: en este país los chavales y los profes “chupamos” más horas que nadie en el aula.

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¿De qué sirve? De nada. El resultado de agotar a los alumnos con jornadas maratonianas es una educación de baja calidad. No por hacerles pasar más horas frente a la pizarra vamos a lograr una mejora en su rendimiento escolar. En definitiva, estimados políticos (y asesores), entérense de una vez: cantidad no es calidad. Aunque los tengan encerrados en las aulas desde el 1 de septiembre al 31 de julio, no van a mejorar así nuestros índices PISA, nuestras tasas de fracaso escolar ni nuestras tasas de abandono escolar. El camino, obviamente, es otro, y nos lo muestran sistemas educativos de excelencia tales como el japonés o el finlandés: escuela pública, inclusiva, con profesorado altamente cualificado y cuidadosamente seleccionado. La persistencia en el modelo actual nos condena (en el mejor de los casos) a la mediocridad. La segregación educativa conduce al fracaso del conjunto del sistema. Otra cuestión es que el conjunto del sistema te importe un carajo. Pero esa es otra historia.

Emprendedores docentes.

Posteado por: Juan Pedro Serrano en: iessecundaria.wordpress.com

Emprendedor es la palabra de moda.

El partido político que todos dicen que ganará las elecciones, el mismo que anda desmantelando escuelas y hospitales públicos allí donde gobierna, que no paga a los farmacéuticos, a las residencias de ancianos, a los proveedores de la administración, que recorta ayudas para la dependencia y se olvida de ordenar a sus correligionarios presidentes autonómicos que controlen la gestión de las cajas de ahorro, cuyos directivos se están forrando a nuestra costa, ofrece tres mil euros a los emprendedores que contraten a su primer empleado.

Mientras, en el instituto en el que trabajo, Jorge dobla su horario laboral cada día, preparando material alternativo para el alumnado que tiene problemas. Izascun diseña planes de trabajo, para conseguir que su tutoría,  un grupo difícil  con el que ha decidido implicarse un punto más allá de lo administrativamente ordenado, se forme, se eduque, y adquiera las habilidades sociales y las competencias necesarias para su desarrollo personal. Muchos otros, con ellos, se esfuerzan a diario por sacar adelante el trabajo con el que se han comprometido: educar ciudadanos.

Son emprendedores, gente inconformista que no se limita a cumplir su horario, que investiga, prueba nuevas vías, diseña proyectos, se implica, se forma, y cada día busca alguna manera de hacerlo mejor.

A ninguno de ellos les va a ofrecer nadie un solo euro más por llegar más lejos de lo establecido. De ninguno de ellos se acordará nadie cuando sus alumnos alcancen sus metas. No serán la cara de esa referencia poco convincente al profesorado en próximos mítines. Nadie dirá de ellos que se sacrifican, que invierten, que luchan, que arriesgan, que pelean muy duro el sueldo que les pagan, el que les recortan, congelan o aplazan.

Serán blanco fácil de gente indignada, a cualquiera de ellos mirarán airados los insatisfechos, algún resentido los despreciará, y habrá quienes digan que son unos vagos y que no merecen lo que se les da.

Pero les conozco, son emprendedores que nunca especulan, no estafan, no engañan. No firman contratos, pero facilitan que a todos, un día, puedan contratar. Son héroes con nombre, que dejan su vida cada día en un aula a cambio de nada, o, a cambio, tan solo, de que les permitan trabajar en paz.

Programas de atención educativa: ¿Discriminación encubierta?

En la Comunidad Valenciana, después de años de calculado abandono de los servicios públicos en general, padecemos uno de los sistemas de enseñanza pública más seriamente degradados del Estado. Fracaso escolar, conflictividad creciente, desmoralización del profesorado… Harta de mentiras mediáticas, la sociedad civil está empezando a pedir cuentas a los responsables políticos de este desastre. Temerosos ante la galopante pérdida de credibilidad de su discurso, ¿cuál es ahora su propuesta? Sencillamente, esconder el polvo debajo de la alfombra y esperar a que milagrosamente desaparezca.

Así, se está ofertando a los centros educativos toda una maraña de programas etiquetados como “de atención a la diversidad”. Sus nombres, siglas y modalidades crecen de año en año. El supuesto espíritu de estos programas es atender educativamente a los alumnos que lo necesiten para que subsanen lo antes posible sus posibles deficiencias y que de este modo acompasen su ritmo de aprendizaje al del resto de sus compañeros. Pero la praxis de estos programas es muy diferente. Lejos de integrar, estos programas están sirviendo para poner en marcha de forma subrepticia itinerarios discriminadores. Los alumnos que molestan, que no sirven, son incluidos en programas cuya primera medida consiste en sacar al alumno del aula y reubicarlo en algún otro lugar. Programas de Compensación Educativa, PROA, PASE, PCPI, son algunos de los nombres y siglas tras las que se esconden los nuevos espacios a los que se traslada (a tiempo parcial o a tiempo completo) a los alumnos que “sobran”. ¿Qué profesores son asignados a esos programas? Los últimos en llegar. El resultado es que programas educativos supuestamente diseñados para mejorar el rendimiento escolar de los alumnos menos aventajados están en realidad sirviendo para remachar el fracaso escolar mediante la discriminación de facto de estos alumnos a los que supuestamente se pretende ayudar.

Los programas de atención a la diversidad son necesarios y útiles si se planifican cuidadosamente y se hace un seguimiento adecuado de los mismos. Pero la realidad en la Comunidad Valenciana es que estos programas están sirviendo de tapadera para todo tipo de apaños más o menos espurios, casi todos ellos apuntando en la misma dirección: librar a los “buenos alumnos” y a los “buenos profesores” de los “malos alumnos” que serán pastoreados por los “otros profesores.” Y todo ello sin una mínima planificación, sin seguimiento alguno y sin continuidad; muchos de estos programas son concedidos un año sí, pero al siguiente no. ¿Qué más da, cuando de lo que de verdad se trata es de retirar de la circulación al alumnado molesto?

La resolución de los problemas que aquejan al sistema educativo en nuestra Comunidad pasa por una estrategia a largo plazo en la que se implemente un programa de formación continua del profesorado bien planificado y financiado, se establezca un reparto proporcional del alumnado con necesidades educativas específicas entre todos los centros (no sólo los públicos), se suministre una dotación adecuada en personal y recursos materiales a dichos centros y se diseñe de forma estable un sistema estandarizado para la atención a la diversidad presidido por el principio de integración, y no por la discriminación encubierta. Ese es el camino.